Posts etiquetados ‘Kant.’

Va el resto de la clase. los, digamos, tomo 3 y tomo 4.

Filosofía para todos.

Tercera:

Cuarta y última:

¡Comenten!

Antes de que se les pase la euforia del Hell and Heaven y Force Fest, vaya un texto dedicado a todos quienes se saben rockeros, metaleros al tiempo que gente pensante, crítica, autónoma.

Este ensayo afirma que el Heavy Metal es el ejemplo más claro de la desacralización del arte que, rompiendo con los parámetros de lo establecido, permanece lo suficientemente complejo como para no vulgarizarse como expresión artística y masificarse. El Metal sólo lo entiende quien más allá de escucharlo, lo comprende en su más profunda significación…

Si no eres huevón mental o si tu amor por el metal logra vencer la apatía intelectual, este es un ensayo que debes leer… (Da click en el link)

Los cuatro Abrahams; un ensayo sobre Heavy Metal y Modernidad.

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Suena en tu despertador la música que consideraste en su momento ayudaría a que te resultara menos tortuoso el despertar. Tu “otros cinco minutitos”, tan universal y sincrónico con los “otros cinco minutitos” de miles de personas que dan forma al sistema económico, son más una oración motivadora e ilusa que una posibilidad viable. Tienes que levantarte.

Te miras en el espejo después de unos segundos de esfuerzo para enfocar. Las bolsas que enmarcan tus ojos allí siguen como sus eternas compañeras y te preguntas esperanzado si tendrán que ver con las pocas horas de sueño más que con un envejecimiento que, a tu corta edad, no deberías de presentar. Te sientes poco atractivo y al tiempo que fastidio. Recuerdas tus pendientes y al compañero de trabajo por quien la pasas mal.

El camino de ida y vuelta al trabajo representan en sí mismos tortura y desagrado. Tu labor no refleja lo que un día, cuando solías pensar que alcanzarías metas, te deseaste. Te sientes casi agradecido de haber escuchado la voz de tus padres, de tus amigos, familiares, compañeros de escuela y pareja, hoy cónyuge, cuando te decían: “No estudies ______________. Te vas a morir de hambre“. Agradeces haberlos escuchado, pues si habiendo estudiado administración (contaduría, derecho, marketing, arquitectura, ingeniería, técnico mecánico, programador, secretaria bilingüe) la vida te resulta ya invivible, ¿cómo hubiera sido si aunadamente no hubieras tenido para comer, pagar la renta, la luz, el agua, el gas, la tarjeta? Gracias a sus buenos consejos no eres un hippie fracasado muriéndose de hambre, seguramente mariguano.

Por fin estás de regreso en tu casa. Anhelas la cama. Cenas abundantemente. Pan y chocolate. Café no, pues no duermes. Tus hijos y tu cónyuge requieren tu atención. ¿No se dan cuenta de que no tienes ganas de nada más que de descansar? No son considerados. ¿Sexo? Hace años que ni tú ni tu cónyuge se pueden ver los propios genitales. Qué ganas van a tener de ver el del otro, el mismo de siempre desde hace diez, quince años, si contamos los tiempos en los que aunque sólo se masturbaran mutuamente sí se veían el pene y la vagina el uno al otro. ¿Cómo sexo? Ni que tuvieran 20 años. A lo mejor el sábado. El domingo no, hay que llevar a los niños con la abuela, así podrás ver el futbol sin que te interrumpan. Algún día crecerán y en lugar de exigirte juego, disfrutarán contigo cantando el himno del América. ¿Sexo esta noche? Contigo no al menos. Además, mañana hay que despertar temprano para ir a trabajar…

Estás alienado. Estás enajendo.

 

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Antes de que la filosofía se volviera academicista, esto es, antes que quienes se erigen como los poseedores del conocimiento excluyeran de las academias filosóficas a las personas que se atreven a decir y escribir lo que piensan sin sentirse obligados a hablar de y pensar sobre lo que alguien más escribió con la finalidad de ver su obra publicada, su calificación obtenida y su título otorgado, los filósofos solían filosofar.

Los filósofos sobre los que los profesionales de la filosofía (¡Gulp!) estamos obligados a citar por los firmadores de constancias y títulos de licenciatura, doctorado y maestría no citaban a nadie. En otras palabras, como el pensamiento no tiene calidad si no cita, estamos obligados a citar a los que nunca citaron. La incongruencia salta a la vista.

Lao Tse, Buddah, Akhnatón, Platón, Sócrates, Pitágoras, Giordano Bruno, Spinoza se reirían de escuchar términos que mis oídos han escuchado recientemente como “nosotros, los profesionales de la filosofía (…)” y peor aún “es importante cuidar que en el congreso no sean admitidos estudiantes como ponentes” (¿Qué puede tener en la cabeza y el corazón una persona que entiende la vida de esa manera?).

Me encantaría saber cuándo Kant, Hegel, Marx y Nietzsche citaron a alguien.

¡No puedes compararte con los grandes!” gritan las voces de la élite académica…

Claro, sólo que los grandes, en su momento, fueron tan chicos como cualquiera de nosotros… pero con las gónadas necesarias para decir su pensar. La historia los recuerda a ellos y no a los organizadores de congresos (lo digo siendo yo mismo un organizador de mesas para congresos, un profesor y… un profesional de la filosofía… ¡GULP!).

Así, pues, a partir de hoy una serie de sentencias y opiniones filosóficas diversas, sobre la vida y su mundo, muy al estilo de los clásicos: afirmando lo que pienso reflexionadamente sin necesidad de usar aburrídas fórmulas como: “Conforme a XXXX en su opúsculo YYYY, la libertad se comprende como la ZZZZZZZZZZZZZZZZZZ……..

Van pues los aforismos (Sólo tres porque ya escribí de más como introducción)…

Sobre la Libertad.

1.-     Lo que te asusta es porque te gusta.

2.-     De todas las necesidades a satisfacerse y de todos los placeres del mundo no es ninguno tan elitista y tan difícil de obtener como la libertad de pensamiento.

3.-     Cuando se lleva a cabo una acción, sin importar lo simple o grandiosa que esta sea, que rebaza las fronteras de comprensión de la gente, esta última, en su necesidad de encontrar un motivo para todo dentro de su propia lógica, tiende en estos tiempos de culto al consumo a preguntar por los beneficios económicos que la acción realizada traerá como consecuencia.  El sistema ha conseguido que a las personas les sea muy difícil siquiera el considerar que pueden existir acciones cuyo placer radique justamente en el mero realizarlas, por lo que tienden a tasar los placeres, entre los que se cuentan los intelectuales, en medidas monetarias.

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El sentimiento de belleza y de sublimidad, como cualquier otro sentimiento dependen del grado de sensibilidad del observador y no tanto del objeto en cuanto observado.

Los juicios de gusto son subjetivos. Pero el gusto también se entrena y se forma. La intensificación y refinación de nuestra sensibilidad habla, pues de nuestra fuerza en armonía con la cultura.

Así que Anathema hoy nos invita a escuchar y yo a ver…

 

Un abrazo,

Lutzzz…

Que el video hable por si mismo…

 

 

Un abrazo,

Lutz…

Unos pensamientos que reflejan convicciones…

El poder, se nos ha enseñado va de la mano del hombre y su vida política. Esto es cierto, pero sólo lo es porque los hombres, al ser mitad animales, corrompemos el llamado noble oficio de la política. La política corrompida ejerce poder y no voluntad. Esta, al tornarse así un medio de realización egoísta no comunitario, se fetichiza y se corrompe.

Si se concede a Nieztsche, como lo hago, que el poder se encuentra concatenado con los instintos (más…)