Archivos de la categoría ‘Sexualidad’

 

Encuentro absurdo enfrascarme en discusiones del lenguaje. Me resulta absurdo, vacío. Quienes interactúan en un proceso de comunicación deben de esforzarse para entender lo que su contraparte intenta expresar.

 

En el sexo es lo mismo. Quien penetra o es penetrado en el ámbito de su corporalidad erótica debe, si es que desea que el orgasmo resulte algo más explosivo que un burdo cosquilleo genital, de comprender el cuerpo del otrx mientras se interna en su propia fantasía. Es un ir y venir que va más allá del vaivén del falo, el dedo, la lengua, la vagina o el ano. Es un ir y venir entre el cuerpo real de quien se tiene enfrente y la imaginación de quienes hacen el sexo.

 

En lo personal me gusta siempre llamarle al acto erótico “hacer el amor” (con las frecuentes expresiones de incredulidad de quien no comprende el mensaje), sin detrimento de que, cuando mi fantasía lo encuentre necesario, le llame coger (curiosamente una expresión mucho más aceptada y menos vilipendiada). Sin ser un iluso, uso una expresión por romanticismo. Sin ser un simplista, uso la otra porque me gusta a veces desacralizar. Todo depende del rol que en mi mente, sin que tenga que explicarlo, esté desempeñando esa noche… o ese día.

 

Me gusta el sexo. Me gusta la erótica. Me gusta el amor. Me gusta dominar el cuadrante de los cuerpos… y a veces dejarme dominar, sólo por complacer.

 

Tiene, no obstante, si se quiere leer a manera de confesión, un tiempo inusitado que no expreso en mi mente ni en mi cuerpo la expresión: “¡Qué bueno estuvo!”. Para que el sexo sea excelso, se debe de estar en perfecta sintonía con las cadenas de la mente y del corazón. Y, bueno, como con todo humano, a veces la mente y el corazón se desfasan.

 

Vaya pues una serie de fotos complacientes para estas noches de frío…

 

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Anuncios

Diciembre de 2006…

Me sentía deprimido. En mi entender del mundo, buscaba a alguien, miembro del género femenino, que precisamente por mi franqueza, entendiera que yo era una persona más apreciable que otros hombres quienes se disfrazan de personas sexualmente fieles, sin importar que la naturaleza, mediante su poderosa testosterona, dijera lo contrario.

Buscaba amar y ser amado.

Pero no era sencillo y no ha sido sencillo hasta la fecha de hoy, más de 6 años después de la fecha del comienzo de mi narración. Excepto por los 28 meses que comenzaron un 19 de junio de 2010, tributando a Ronnie James Dio, y que terminaron justo un día de muertos, nada me ha sido sencillo en materia del amor.

¿POR QUÉ?

Respuesta:

He sido promiscuo en el pasado, pero eso no significa que te vaya a ser infiel“, es una terrible afirmación que sólo una persona tan autónoma como ingenua se atrevería, en esta espacio-temporalidad cristiana, a manifestarle a su pareja (mujer u hombre) en este continente de moralina católica, esperando ser apreciado por su franqueza.

Yo he sido ese ingenuo, quien libre de responsabilidades sexa con frecuencia, pero que con ellas, se mantiene en la línea, sólo para ser insultado por lo que no fue en su año, como si la fidelidad sexual se le debiera a la pareja desde antes de que llegara, como si el celibato católico tuviera ascendencia sobre nosotros los laicos y los ateos.

Pronto aprendí que al humano nada le importa sino la tranquilidad psicológica proveniente de la seguridad de su ego: En la contrucción de la pareja ideal, se filtran de las consideraciones de los sujetos la inteligencia, la disciplina, la bondad profunda, el apoyo, la claridad de metas y otras propiedades en favor de una pretendida, y comúnmente falsa, fidelidad sexual. Más tarde o más temprano, todos hemos penetrado/sido-penetrados por un genital ajeno al de nuestra pareja pública…

¡¡¡¿¿Yyyyy??’!!! Vistas las consecuencias de esta sentencia casi axiomática, el mentiroso concepto “Aunque soy pendejx, huevón/a, fe@, mierda y “me amo”, no se me para/me mojo con nadie salvo contigo, porque [ahorita] solo tú me prendes” mata en este infeliz mundo el “Aunque francamente, he cogido en mi pasado y representará un gran compromiso dejar de hacerlo, soy inteligente, trabajador, noble, atractivx y, tras reconocerte y aceptarte como eres, he decidido amarte“.

Todos esos pensamientos me atribulaban en diciembre de 2006, cuando celebré mi cumpleaños número 32. Una gran fiesta de cumpleaños, pública como kantiano que soy. La primera semana de diciembre, soy sagitario, repartí propaganda a todo quien pasara por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Con más de 200 asistentes, la fiesta fue un éxito. El casero me amenazó con correrme… a menos que lo invitara a mis próximas fiestas.

En 2007  y 2009 me enamoré, pero no amé, pues ese sentir me aniquilaba. El amor construye, bajo ninguna circunstancia mata.

En 2010, una chica que creyó en mí me dejó amarla, solo para quitarme el primero de noviembre de 2012 todo lo que me dio 2.5 años después tras un suceso que para mí no tenía relevancia. ¿Qué fue eso que habiéndome dado  me quitó? Su admiración, su amor, su lealtad y, lo más doloroso que cualquier otra cosa… la aceptación de mi cariño hacia ella. Confundió con la ayuda de mi desinterés, la libertad con la estupidez, sólo para después castigar mi libertad acusándola de estúpida. Sin embargo, y porque tomo mi parte de responsabilidad, no me exonero: conforme a la moralina convencional, bajo la cual me obligué confundidamente a regirme por temor a la soledad,  he pecado profundamente.

El humano comete errores. Los demonios, llenos de la envidia padecida frente al amor por los ángeles de Edgar Allan Poe, enfriaron el corazón de mi correspondiente Anabel Lee. Mi estupidez en colaboración con su falta de visión son complices en mi añoranza.

Hoy en día, deambulo…

Un abrazo,

El Luttzzzo…

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

El Marqués francés más famoso, tanto que llegó a tener sus adjetivo y sustantivo propios, legados a la humanidad en todas las lenguas occidentales, Sade, era no solo un extraordinario escritor y lujurioso sino también un gran crítico de la nobleza y la burguesía.

Quien al leer a Sade se excite u horrorice en vez de disfrutar el sutil aroma de la ironía, no ha entendido nada al gran Marqués.

Mi recomendación literaria va esta ocasión para Donatien Alphonse Francois de Sade y para mí su más fina obra: Los 120 días de Sodoma o Escuela del libertinaje. A continuación una deliciosa degustación…

Teresa llegaba ya a los sesenta y dos años, y parecía un esqueleto. No tenía ni un pelo en la cabeza ni un diente en la boca, y su aliento habría sdo suficiente para sofocar una vaca. Sus nalgas estaban (más…)

Sexo, bello sexo, brutal sexo, intenso sexo, nulo sexo, sexo gay, sexo hetero, sexo con mayores, con menores, con uno, con dos, con tres, sexo libre o sexo bondage…

Lo que todas estas maneras de traer la sexualidad humana a la realidad tienen en común es su subordinación a la imaginación en su faz fantástica: Cuando el cerebro nos traiciona, los genitales lo delatan. (más…)