I. El pasado inmediato es irrelevante, el pasado lejano readquiere sentido.

 

¿Tendría sentido hablar de la tercera parte, el tercer día del Graspop Metal Meeting tras casi un mes y medio de su suceso? Si este blog fuera exclusivamente reporteril, probablemente no, pues la información del espectáculo, al atenerse a los modos del marketeo, de lo sensacional, se entiende poco comercial cuando no se “informa” al instante.

Pero este espacio es un espacio mío y de quienes lo comparten sabiendo que en él se encuentra algo más que información y expectación. En él se encuentra el vínculo comunicativo que nos acerca, aun sin saberlo, sin conocer nuestras identidades, en un mundo habitado por extraños.

La historia se hace narrándola y su importancia trascendental se conoce sólo a través del tiempo.

Sí, hablar de lo último que viví en los bosques de Bélgica tiene relevancia porque no es hablar de un evento ocurrido, sino de un evento ocurrido en la vida de una persona que comparte de sí contigo que me lees. De tal manera, compartir lo que ha ocurrido haya pasado un día o hayan pasado siglos sigue siendo tan emocionante para quien tiene el corazón abierto a la vida del Otro. Si no, que le pregunten a Bruce Dickinson y Iron Maiden y los temas de sus canciones…

 

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II.- Gente normal frente a gente normal…

 

Si hiciéramos a un lado la actuación de Down y de la que ya hablé en su momento, este domingo fue el día del placer. Placer auditivo, placer psicológico, placer y placer.

Levantarme temprano para poder tomar una ducha tras días de baños vaqueros más parecidos a curas naturistas de frotaciones que al correr del agua sobre la piel que purifica. Levantarme temprano sólo para enterarme que hay que pagar dos euros por usar las duchas. Evoco a Dave Mustaine y Megadeth con su rola en el Soundtrack the Schocker. Go to hell! Ya me bañaré en Lovaina a mi regreso. Voy al pueblo por viandas de nueva cuenta y a preguntar donde podré imprimir mi boleto de tren de regreso. Graspop es una comunidad tan pequeña que no hay un sólo café internet. Eso no pasa en México, pienso, mientras evoco las imágenes de Huautla de Jiménez, Oaxaca, pueblo de la sierra y su café internet: El hongo. Al final, tuve, como el futuro me lo diría a cada momento en este viaje, que comprar mi boleto de vuelta ¿Cómo puede uno pagar por volver y no mejor quedarse gratis?

Regreso y entro en los terrenos del Metal Meeting. Me dirijo al escenario que será la primera parte del día el lugar que me cobije del extenuante sol que hace en Bélgica: El Metal Dome. Es el día del rock para mariguanos, del rock que sí es rock, del rock con actitud, con presencia y cuerpo, del rock que llena el espacio e inflama los pulmones y las vísceras, es el día del Rock Stoner. El único género en el que me interesa participar activamente como miembro de una banda. Evoco la que solía tener, Dirty Woman. El ego, la soberbia y la altura que se vislumbra desde una moneda de veinte centavos, cuando por fin se ha podido subir a ella, no son amigos de la música. Dirty Woman, mi amada, mi mujer, mi mujer sucia, ahora sólo vive en los recuerdos. Me imagino que hubiéramos podido estar allí algún día. Pero entonces los acordes que provienen de las guitarras de los británicos Heaven’s Basement me despiertan del ensoñamiento. no, ellos no son stoner todavía, pero si he de escoger entre Speed Metal de dragones y Black Metal diablos del bosque (Winterfylleth), prefiero lo que tiene armonías. Tras algunas rolas que no encuentro particularmente maravillosas, se me acerca con cierta desesperación un chico: “Tú tienes cámara, por favor, súbete al escenario y tómanos fotos”. Es un roadie de Heaven’s Basement, grupo que aunque de buen calibre es evidente que aún hacen sus pininos y no estaban preparados para la extraordinaria recepción de los belgas. El Metal Dome está a reventar. Unas dos mil personas abarrotan el espacio y los integrantes de la banda no lo pueden creer, pero lo quieren recordar. Me subo al escenario. Capturo algunos momentos. Me dan  su contacto para que les comparta las fotos posteriormente.

 

 

Llega Bullet. Heavy Metal clásico. Se escucha la influencia de la NWBHM. Dan ganas de mover la cabeza y cantar los coros. Los escucho y pienso: “Los belgas devuelven carteras. ¿Y si alguien se encontró mi celular y lo regresó? Decido ir al stand de objetos perdidos: Efectivamente, los belgas son el pueblo más honesto que he conocido. Mi celular fue entregado. Madreado por las patadas del Slam y sin jalar, pero lo de menos será repararlo. Aquí esta ahora a mi lado. Recojo botellas de coca-cola (no, no me paga por decir su marca), por cada 24 te dan un producto. La consciencia ecológica y las buenas costumbres nos las integran a los metaleros por medio del estímulo positivo. Un encendedor (que después regalé en Berlín) y un parche conmemorativo, son buena paga por ayudar a mantener limpio el lugar del concierto.

Basta. Es hora de ver a Red Fang. Barbas largas, cabello poco aseado, guitarras densas, bajo grave, voces roncas, camisas de cuadros, red necks. Sí, es stoner. No traen roadies. Ellos mismos hacen su sound check, como en México lo hacemos todos. Gente normal haciendo lo que aman para gente normal que ama lo que hacen. Eso es el rock. No poses. Vida intensa. Exuberancia auditiva y pectoral. El metal, más si es stoner, se escucha con el pecho, que vibra con sus tonos graves.  Sigue The Sword.

 

 

Pero antes… una breve pausa erótica. Vaqueritas que venden cáncer mueven sus caderas y esbeltos glúteos para el deleite de los sexistas metaleros. En primera fila, les tomo fotos y dejo volar mi imaginación lúbrica y nada serena.

 

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La espada es lo primero que verídicamente espero en el día. Hace años, cuando tocaron en la Ciudad de México, los encontré plenamente contundentes y convincentes. La tercera rola hace para mí su presentación: Three Witches. Tres brujas conocerás en el camino hacia tu destino, la primera te amará, la segunda te engañará y la tercera te enseñará el camino. Cuánto quisiera creer en lo profético de estas palabras de The Sword. Pero cuento mis brujas y pienso en la historia de mi vida y me doy cuenta de que la primera no me amó, de que todas me han engañado, que ya son muchas más que tres y que sigo sin encontrar el camino… Mientras escucho y coreo las canciones me abrazó con un reportero de la India que hace cobertura política, pero que como las miles de almas allí presentes y esparcidas las hectáreas del local se une a los cantos y las notas del rock para pachecos. Se las sabe todas. How heavy the Axis, Veil of Isis. ¿Que qué, que qué? Un cover de ZZ-Top: Cheap sun glasses (Fenomenal, absolutamente fenomenal), Oh, YEAH!!

¿Cómo se puede sentir euforia sin parar? Sal a la calle y sabrás.

 

 

Newsted, In flames, Epica, Karma to burn. Lo siento, me lo tengo que perder todo. Quiero mi lugar hasta adelante para ver por primera vez a Ghost y su reverendo satánico. Son un grupazo. Escenografía magnifica, luces moradas, ambiente de iglesia. Salen los monjes, sólo negrura. No se mueven, sólo tocan. Entra una calavera en escena, túnica, birrete y cetro. Son buenos, pero su concepto ceremonioso y sarcásticamente eclesiástico evitan que las personas podamos mover la cabeza, desaforarnos, empujarnos, gritar y cantar. Es, literalmente, una misa de rock que invoca al amo de las sombras: Infestissumam, Per Aspera ad inferi… Elizabeth! La reina zombie (Zombie Queen) se vuelca en un Ritual. Son buenos, pero mi imposibilidad para bailar y golpear cuerpos me deja con un sabor algo parecido al vacío.

 

 

Me tengo que salir unos momentos antes de que el fantasma termine su actuación, pues hay que conseguir lugar hasta adelante para ver a una de mis tres bandas favoritas de la historia: Iron Maiden con su enorme vocalista, Bruce Dickinson, mi modelo humano a seguir. Inútil hablar más de todas las bondades que este señor tiene en su vida. Es un genio, el Leonardo da Vinci de los tiempos modernos. Baste decir que se puede dar una clase de historia a nivel bachillerato usando sólo canciones de Iron Maiden. La dama de hierro viene con la gira del Seventh Son… ¿Se puede pedir algo más? Claro, tocan las que nos toca mirar siempre: 2 minutes to midnight, Afraid to shoot strangers, The trooper, Number of the Beast, Fear of the Dark, Iron Maiden, Aces high y Run to the Hills. ¿Pero que normalmente no incluyan en sus setlists? Bueno, ¿pues qué tal una probada de Can I play with madness, The prisoner, Wasted years, Moonchild, Phantom of the Opera, Seventh son of a seventh son, The Clarivoyant y The Evil that men do? Sencillamente maravillosos. los veo, canto con ellos, quisiera ser Bruce Dickinson, tener la posibilidad de saltar, correr por el escenario escuchando a cientos de miles de personas cantar las letras que han salido de mi cerebro y de mi cultura. Han trascendido el tiempo y el espacio. Son, lo sabemos, sencillamente, Iron Maiden.

 

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La noche ha caído ya y entonces hay que correr a la última etapa: Decidir entre Testament y King Diamond. Miento, no hay nada que decidir. King Diamond se convierte en un evento necesario. ¿Cómo perderme los falsetes de un danés-texano acompañados por las guitarras de Andy Laroque quien grabó con Chuck Schuldiner el mejor album en la historia del Death Metal: Individual thought patterns? El Marquee 1 plenamente decorado. The candle. Welcome home (adiós batería de la cámara, sólo alcancé a tomar a la abuela y ni siquiera pude dejar huella del asesinato de Missy, la Lotita del gore y del metal). Me doy cuenta de que King Diamond juega con el erotismo pedofílico, sus letras son en un 90% relativas a abusos sexuales y asesinatos de niñas. No, no lo había notado antes. ¿Me espanto? No, no lo hago. Si hay novelas de terror, también puede haber música de terror (parafraseando a Ozzy). Sleepless nights, Come to the Sabbath (Cover de Mercyful Fate), Eye of the Witch. Muchas más… su maquillaje, sus luces, su bailarina, su modelo, es ópera, Mozart se sentiría orgulloso, lo sé. Verdi no lo sé, pero Mozart, pueden apostar que le dedicaría algunas obras (manuales) a los jóvenes senos de Abigail

 

 

III. Epílogo I.

 

Todo se acaba pero se queda en mi memoria para siempre. La prueba son estas palabras escritas con tanta intensidad semanas después al término del viaje de mi vida. Si no estuviera por allí la policía de las emociones, esa que confunde la felicidad intensa y su ofrecimiento a la gente con arrogancia y presunción, con egoísmo, narraría tantas y tantas cosas más. Pero para ello tal vez hubiera que escribir una novela y adjudicarle lo vivido en la carne propia a un personaje que no sería sino yo mismo, con un nombre falso y poder decir frente a los reclamos: No fui yo, es solo mi imaginación (que recuerda lo vivido… que recuerda lo vivido…)

 

IV. Epílogo II

 

Sí, los metaleros somos gente común haciendo cosas extraordinarias para gente extraordinaria que se niega a ser común viviendo en nuestra propia comunidad. Somos metaleros, somos rockers. Sí, nos peleamos, sí hay competencia entre nosotros, sí, tenemos relaciones muy pasionales, pero al final, pase lo que pase, somos comunidad, somos identidad, juntos abrimos nuestro espacio, separados lo perdemos… somo metaleros y esto que sigue es mi homenaje a ellos…

 

In union we stand!!

 

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comentarios
  1. Beto VC dice:

    Me gusto lo de IDENTIDAD ,eso somos , sentirse cobijado por algo REAL

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