I. Intro…

Me dan hueva las reseñas típicas de conciertos de rock. Me da hueva leer siempre las mismas fórmulas. Son frías. Son el resultado de quien se deja vencer por los formatos y estilos.

Si no se va a hablar de la experiencia subjetiva, de la vivencia que se tuvo como espectador, si no se intensifica, buscando transmitirle al lector la emoción sentida, si un texto, hable de lo que hable, no transmite con él una parte de quien lo escribe, no merece ser escrito, mucho menos leído.

Lo que sigue no es lo que ocurrió en la comunidad belga de Graspop, pues ocurrieron más de 135 mil cosas en tanto que concurrimos 135 mil personas más los miembros de los grupos y sus asistentes y quienes vendían en los puestos de comida y artículos metaleros. Cada quién vivió un Graspop suyo. Lo que sigue es lo que vivió este quien escribe, lo que sintió, lo que vio y escuchó, y lo escribe para ti. Si lo que quieres es que en 30 líneas te informe objetiva y escuetamente el nombre de las bandas y las rolas que tocaron, quejándome de una u otra cosa y alabando algunas otras; si lo que quieres es un resumen frío de rock, no leas esta entrada… Pues está escrita con amor, no con interés pragmático.

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II. Día uno: De lo pequeño, algo enorme.

Graspop es un pueblo en Bélgica pequeñito, rodeado por tres o cuatro aún más pequeños. En el centro de todos ellos un bosque europeo de coníferas cerrado y obscuro. Tras un trayecto de un par de horas en tren, incluido en el costo del boleto del Metal Meeting, llego en un autobús también gratuito al centro del evento. Tocando la frontera de Bélgica con cualquier país, para los portadores de un boleto del Festival de Graspop, el transporte es gratuito de ida y regreso al lugar de origen. Es un día gris. Pienso en lo imbécil que fui al olvidar que el verano en Europa no significa lo mismo que en México. No llevo nada que me tape en realidad salvo una endeble casa de campaña hecha en china que sería vencida por las filtraciones de la lluvia que caería en la noche mientras tocaba Twisted Sister.

Me dirijo hasta el lugar de campamento. Al haber llegado el día del inicio del festival, cerca de las 4 de la tarde me encuentro con que está repleto y busco un resquicio donde quepa lo que me dará cobijo -eso creo en ese momento- las siguientes 3 noches. La malpongo por la excitación que siento por llegar frente a cualquiera de los cuatro escenarios. No quiero perderme un minuto más. Ya había perdido lo suficiente al no ver a Grim Reaper ni Helloween. Me toca ver a Coal Chamber. Me digo: “Ni pedo, ya qué”. No soy fan. Pero me sorprende su ejecución, la prendidez de sus miembros y la absoluta belleza de su bajista femenina. La mujer metalera más atractiva que he visto en escena.

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Entombed en el escenario más pequeño, el llamado Metal Dome. Por algún motivo, desde 1998 cuando tuvieron una presentación extraordinaria en el Ozz-fest, las veces que he visto a Entombed en vivo, a pesar de ser una de las mejores bandas, de las más rockers, en estudio, siempre han dejado algo qué desear. Las rolas nunca se parecen a las de los discos, las tocan al menos un tono más abajo, probablemente dos y terminan no impactándome como cuando su música sale de mis audífonos.

Paso de Papa Roach, de Korpiklaani (¿¿¿???), de Asking Alexandria, de All that remains, pero nunca, nunca de Prong. Lo siento, soy rucker ya. El new, el black y el thrash que no suena a tupa-tupa no mueve mis fibras. Prong pone a bailar unas 7 mil almas en el llamado Marquee 2. Absolutamente movido, rítmico, sabrocito. La gente hace mosh y slam, al tiempo que muchos otros bailan al son de los disco-beats tan adelantados para su tiempo hace unos 25 años de ese clásico grupo de vanguardia. Snap your fingers, snap your neck! Power of the damagerRevenge, best served cold. Canciones que pensé que nunca escucharía. Prong había estado desaparecido diez años. Ni soñar que algún día fueran a México. Tal vez ahora que han vuelto. ¡¿Qué tal Prong en el Hell and Heaven?!

 

 

Korn… no me gusta, pero me siento compelido a verlos. Total, ya estoy allí. El vocalista ya no usa rimmel, otra grata sorpresa del Graspop. ¿Soulfly o Kreator? La respuesta llega en menos de un segundo: Vámonos mejor a ver a los alemanes. Crecí con ellos. Tras Rigor Mortis y Testament, fueron el tercer grupo de thrash que escuché en mi vida. De allí pa’l real. Su set incluye muchas rolas nuevas y pocas clasicas. Del Extreme agression y el Renewal, ni una. Pero a cambio Flag of hate, Endless pain, Pleasure to kill, Tormentor. 15 mil almas cantan y madrean sus cuerpos. El wall of death (prohibido por el festival para cumplir con las disposiciones de seguridad del municipio, pero fomentado por las bandas y de facto por los organizadores -quienes al otro día mostraban las escenas de absolutamente interminable mosh, crowd surfing y walls of death en las pantallas gigantes-) fue brutal. Si no fuera porque sé que los metaleros somos una identidad y que todo es friendly violent fun, si fuera un miembro de sociedad de padre de familia, un panista conservador y viera eso, sentiría pavor. La violencia con la que chocó la mitad del público plenamente fuera de sí con la otra mitad también en éxtasis con Civilization collapse, recordaba más las batallas de los bárbaros pre-cristianismo en Europa que un concierto de rock. La imagen que describo en realidad es inenarrable. Fue una brutalidad al ritmo del metal del azote.

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Twisted Sister. Llueve. Se esfuerzan mucho. El frío cala. Dee Snider le mienta la madre a la madre naturaleza porque llueve sin parar. We’re not gonna take it. The kids are back. Los weyes son verdaderamente humanos. Charlan con el público enojados por no poder divertirse tanto como si el clima fuera más amigable. Confiesa un Jay Jay French de pelo corto, sin maquillaje y unos 20 kilos más, que responde los mails de los fans y que hizo un amigo en  Bélgica a quien lo invita al escenario. Llaman a su novia y el chico le pide matrimonio a su novia frente a más de cien mil metaleros que, como también tienen corazoncito, aplauden, chiflan y gritan emocionados. La chica rompe en llanto. Ojalá que nunca se divorcien y así como se amaron esa noche, se amen siempre. We all want to rock…

 

 

III. Epílogo.

La lluvia no paró. Llego a mi casa de campaña toda mal hecha. Me la cambiaron de lugar para poder poner otras, pero tuvieron la amabilidad de no romperla ni robarme nada. Por supuesto que no le pusieron el techito repelente al agua. Así que al llegar, la china casa es un charco. Duermo en medio del agua, exhausto, escuchando los cantos de los vikingos, ahogados de alcohol, por todas las esquinas y deseo que llegue el día de mañana lo más pronto posible…

comentarios
  1. Beto dice:

    Chido me sentí identificado con lo de la tienda

  2. MAURICIO GELOVER dice:

    MUY BUENA TU RESEÑA LUTZ!

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