-“Pasa. ¿Ya se abrió? ¿Ya entraste?”. Sonó la fresca voz de Paco en el altavoz de su casa.

Subí las escaleras prestando atención a la serie de cuadros de Stan Laurel y Olver Hardy (El Gordo y el Flaco) que tiene a lo largo de una de sus paredes. Esperé unos minutos a que bajara a la sala, mientras Marina, su hija y amiga mía, llamaba para avisarnos que estaba ya en las proximidades.

Nuestra meta final:  el Auditorio Díaz Ramírez en la Universidad Autónoma de Querétaro y unas horas más tarde la Casa del Obrero Queretano a sólo un par de calles de la Plaza de Armas en el centro justo de la capital de ese Estado. Teníamos que estar a las 10:30 de la mañana para una rueda de prensa con los medios de la ciudad que emblemáticamente fusiló, en el Cerro de las Campanas, las aspiraciones imperiales de  aquellos nacionales sin empatía por lo nuestro y de los extranjeros que ingenuamente supusieron podían venir a servirse con la cuchara grande y recibir aplausos a cambio.

Mientras manejaba gratamente sorprendido por no recibir comentario o queja alguna por parte de Paco Taibo II o de Marina debido a mi costumbre de manejar infringiendo el límite de velocidad, escuchaba las historias de Paco en referencia a cada población que pasábamos. “Si viniéramos con un detector de metales, no tendríamos que buscar mucho y encontraríamos restos de la batalla de Calpulapan. Balas, restos de fusiles, platos”; “En el 68, aquí me escondí de los milicos, en San Juan del Río. Pensé, ‘allí nadie te va a buscar’, y tuve razón”. Me doy cuenta de que Paco no sólo narra y cuenta de su vida, sino que pone atención a las propias anécdotas que Marina y  yo vamos compartiendo de lo que vivimos. Pienso cuando escucho todas nuestras voces que las vivencias contadas son la mina de amenidad de la historia.

Las palabras se transmiten no a través del aire, sino a través del humo de cigarrillos que transforman a Paco en un símil del Popocatepetl. Yo, fumador social, le pido uno que otro, pues cada uno de ellos se convierte en mi mente en una anécdota que contaré yo, en algún momento futuro, a quien escuche la narración de mi vida. “¿Cómo puedes ser mi amigo si eres vegetariano?” Me pregunta Taibo II; “Porque te gorreo cigarros”, le respondo.

Llegamos puntualmente al Centro Universitario. Algunos reporteros esperan ya a Paco, al tiempo que descubro las miradas curiosas de algunas alumnas. Lo ven con admiración y timidez. Minutos más tarde, el auditorio se llena hasta que finalmente se desborda. Todos queremos tomarnos la foto con Paco, así que en el podium estamos quienes pusimos el dedo en el renglón para organizar el evento. Gonzalo Guajardo, Blanca Gutiérrez, Gilberto Herrera y quien esto escribe nos vemos rodeando a Taibo II. Paco me dice: “Mira, hay gayola!”. Lleno abajo, lleno arriba. Intentamos calcular. Unas 500 personas de todas las edades (370 adentro del foro, según cifras oficiales, más los que estuvieron en el anexo y los pasillos). Y Paco comienza a narrar… Sabe como llegarle a la gente. Los datos históricos se cruzan con chistes y palabras que provienen de una pensada y sistemática desacralización del manual de Carreño. Sabe cómo llegarle a los miembros de la comunidad queretana. Les habla de sus héroes locales, de esos cuyos nombres están inmortalizados en las calles, pero que invitan al foráneo, como yo, a preguntarse “¿Epigmenio González? Bueno, algo habrá hecho”. Sí, algo hizo, ya me enteré. Un verdadero mártir de la guerra de independencia, quien tras haber caído preso y permanecido así y en condiciones dignas de la moderna prisión de Guantánamo en su equivalente del pasado, el Fuerte de San Diego, llegó tarde a la repartición de honores independentistas siendo doblemente condenado, por sus enemigos, cosa normal, y a su vez por aquellos por quienes peleó, pues el olvido es también condena.

La historia es fundamental en la construcción de una sociedad equitativa, ya que la historia genera identidad y la identidad pertenencia. Los mexicanos somos de nosotros, somos nuestros y nos pertenecemos.

La charla termina y llueven las preguntas. Jóvenes y ancianos. Unos preguntan. Otros comparten. Para todos hay comentario y afabilidad. Fotos, fotos, fotos.

En tres horas más, nuevo encuentro. Esta vez con sindicatos obreros.

A la hora de la comida, hincamos el diente con singular alegría. Gonzalo, Blanca, Marina, Paco, todos charlamos, todos escuchamos. No hay monopolio de la palabra.

A las cuatro, voy corriendo a ver si se echó en orden a andar la segunda parte del taller de Círculos de Reflexión Ciudadana facilitado por Antonio Villegas de los Buzones Ciudadanos. Somos una enorme red de trabajo social para abrir espacios de análisis y generación de emoción que ponga a la gente en movimiento.

Las cinco por fin. La casa del obrero tiene ya unas cien personas esperando. Quince minutos después comienza la segunda intervención de Paco. Narra sus charlas con un taxista de la ciudad. Explica la necesidad de descarar el outsourcing como el desmembramiento del artículo 123 que es. Trabajar al margen de la ley dentro de la ley. Volteo y si en mi cuadro de imagen mental había cien personas, estás ya se multiplicaron por 6 y me sorprendo.

De nuevo las preguntas entusiastas, las participaciones, las propuestas de la sociedad queretana se suceden una a otra como las diminutas, pero poderosísimas, partículas de luz que escapan el campo magnético de un hoyo negro que se creía insalvable. Estamos eufóricos.

Eufóricos por darnos cuenta de que las suposiciones de que Querétaro es un estado tradicionalmente de derecha, priista y panista provienen únicamente de su historia electoral, esa historia tan manoseada, tan hecha a la medida, mientras que hay otra historia yaciendo allí escondida, que se tiene que comenzar a contar y a acrecentar: La historia de  los otros miles de miembros de la sociedad queretana, conscientes y solidarios, empáticos con las realidades de los Otrxs excluidxs y que necesitan de alguien que los escuche primero, de alguien que lleve su mensaje consigo y trabaje de la mano con ellos. Eufóricos por darnos cuenta de que es sólo cuestión de visualizar el hilo conductor que ya nos une a quienes vivimos en Querétaro en lo particular y en México en lo general, pero que como este es un país grande, grande, está holgado para dar libertad de movimiento, dando por ello la apariencia de no estar. Tenemos que visualizarlo desde todos sus cabos y extremos y darle jaloncitos para apretarnos, para unirnos más.

Para unirnos desde nuestra trinchera local en nuestra cotidianidad, pero coordinados y pegaditos en un movimiento mayúsculo en los momentos de mayor simbolismo y necesidad de fuerza social.

Paco habló en sus dos intervenciones del invierno que se nos viene a los mexicanos con las contra-reformas de la derecha egoísta que entiende el mundo sólo como un enorme mercado con relaciones de competencia transacción y nunca de solidaridad y reciprocidad.

¿Cómo evitar el frío invernal?

Con el calor humano que da el movimiento social en co-laboración, comunicación y unidad.

Galería de fotos (Cortesía de David Steck et al)

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