Para quien ha estado siempre partido en dos, como yo lo he estado toda la vida, tener una identidad no es nada sencillo. En el humano, la identidad es la llave de la puerta que da al sentido de la vida. En un mundo de infinita variedad, de infinitos modos de existencia, de infinitas culturas, tener identidad da certeza.

El Rock, así con mayúsculas, me dio la mía. Lutz Alexander Keferstein, es rocker. Un rocker al que le gusta leer filosofía y pretende hacerla; un rocker que disfruta del futbol americano y que le va a los Delfines de Miami; un rocker que come de la academia; un rocker con compromiso social; un rocker mitad alemán, mitad mexicano. Pero ante todo, como se observa, antes que cualquier cosa, lo que le ha dado siempre sentido a mi vida es la pasión que siento por la música, por el Rock. Pesado.

El Rock, a lo largo de tantos años me lo ha dado todo: amigos, labor, viajes, amantes y hasta pareja. Gracias al Rock soporté el quiebre que implica la adolescencia y me daba fuerza para seguir, para aguantar la fragmentación del mundo que significa saberse engañado por las mentiras que se les cuentan a los infantes, para aguantar la imposición de las autoridades que buscan quebrarle a uno la voluntad, la personalidad y la autonomía. Al Rock le debo mucho. Al Rock le debo lo que soy.

Constantemente me preguntaba si algún día el Rock dejaría de producirse. Me daba pavor pensar que así pudiera ocurrir. Me imaginaba un mundo sin rock y sentía escalofríos. Me angustiaba. No es hipérbole. Me angustiaba como uno lo hace cuando tiene algo que ama y piensa en la posibilidad de que algún día se vaya, lo abandone, muera.

Mi amor por el Rock, me ha permitido desde los 12 años asistir a un sinnúmero de conciertos. El primero al que fui, fue el de Opus (Life is life) en la Plaza México. Me ha tocado ver de todo y a todos los grupos en quienes pudieran pensar. Black Sabbath (con Bill Ward en Milton Keys, UK), el ya extinto Dinamo Metal Fest en Eindhoven (edición de 1999 y 2000 -chequen las bandas que asistieron, impresionante-), el Big Four en Indio, California, al lado de mi gran amigo el Patas (AKA Iván Nieblas -chequen su blog: Http://elpatas.net). ¿Por qué cuento esto? Bueno, pues porque en México está ya ocurriendo lo inusitado: El Rock ha prevalecido, tras mucha lucha, mucho trabajo, muchos obstáculos internos y externos. El Rock, por fin, tiene plena cabida en este país donde he decidido vivir. Y lo celebro.

Ha sido mucha gente la que ha trabajado en ello desde todos los frentes. La escena, los fans, que nunca hemos desistido, sin importar las prohibiciones de los padres, la sociedad y los gobiernos conservadores, las rupturas de corazón, el desempleo, el matrimonio, la búsqueda y pérdida y nueva búsqueda de empleo, la paternidad, los kilos y las canas de más, las tocadas chafas, las razzias de la policía, lo que la vida implica. Allí hemos estado siempre. Sin Rock, lo demás no importa, pues sin Rock, para el rocker, no hay vida.

Pero hay otra trinchera de resistencia. Desde Edge Entertainment y CHAS en la década de los 80’s, Dilemma en los 90´s, Eyescream en los 2000’s y a partir de hace unos años, Hell&Heaven e Infinity Prods, y durante todo ese tiempo, el mismo  OCESA (con todo y lo que a algunos nos pueda incomodar su enorme poder de determinación, también ha sido fundamental en la consolidación de la escena Rock en México, aunque su finalidad no sea necesariamente la que tienen las promotoras que mencioné antes, quienes fueron fundadas por rockers y metaleros que sienten amor por el rock y el metal). Siendo honestos, críticos, pero también objetivos y justos con ellos, los promotores, con todo lo que se les pudiera echar en cara siempre de manera sólo subjetiva, han hecho lo que se tenía que hacer para quebrar los obstáculos al Rock en este país de baladas, rancheras, norteñas y guaracha (no offense meant). Gracias a ellos, nos guste admitirlo o no, los conozcamos personalmente o no, seamos sus viejos amigos o viejos rivales (algo muy típico de la cultura mexicana que se mueve mucho por envidias, amiguismos y conectes), el Rock en México está plenamente consolidado. Si antes iba uno a todos los toquines, en tanto que había un evento al mes (y nos sentíamos felices los mismos 500-2000 humanos que siempre nos veíamos, por ser siempre los mismos), hoy en día es imposible ir a todos, pues han logrado con gran trabajo, esfuerzo, argucias, habilidad y, ahora me entero, en ocasiones con su propia libertad y vida en riesgo, presentar una oferta de conciertos prácticamente de primer mundo. Hoy en día vienen todos y poco a poco se han ido saldando cuentas históricas con la nación rockera de México.

¿Cuándo hubiéramos soñado en 1990 los proto-metaleros mexicanos tener en UN mismo festival a Motorhead -la banda más rockera que he visto en mi vida-: http://www.elpatas.net/17215-motorhead-en-berlin/ , AnthraxTestament y Suicidal Tendencies (una de las deudas históricas a las que me refiero) en un mismo evento? A eso hay  que sumarle a Haggard y Moonspell, sin duda bandas favoritas de una gran cantidad de metaleros más jóvenes que nosotros los ya “ruckers”; y, finalmente, Pinhead, enigmático grupo del que no se sabe mucho aún, pero cuyo album se llama The End of Life. El Force Fest en el Palacio de los Rebotes nos va a dar eso el 17 de mayo y el Hell & Heaven otros 20-30 grupos más (¡¡!!) en Guadalajara sóli un día después. El costo pecuniario es elevado sin duda. Sin embargo, eso es más producto del conservadurismo de las empresas que siguen sin patrocinar el Rock pesado cuantitativamente al mismo nivel que con el que patrocinan eventos de otros géneros, que de una actitud rapaz de los promotores.

Hoy hay ya eventos para todos los gustos: Stoners (Spiritual Beggars el 25 en el Cerdo Violador), Hards (Love Drive -ex-integrantes de Scorpions tocando LAS CHIDAS de su antigua banda- el 14 de junio en el Salón Cuervo) y una cantidad de etcéteras impresionantes e imposibles de mencionar por el momento.

El Rock se ha impuesto con esfuerzo contra todo. Porque el Rock no es sólo música, es actitud.

Con todo esto, me pregunto por la significación en la vida del público, principalmente en la de los adolescentes, que tendrá esta penetración lograda en el mercado mexicano. Si es tan fuerte como en la mía, mis temores eran infundados. El Rock tendrá vida hasta después de mi muerte.

No, no es un cliché, no es ya más una consigna que se refería mayoritariamente a un deseo que a una confianza, hoy más que nunca, se tiene que tener claro…

Rock (& Metal) never dieeeeeesssss!!!!!

 

 

 

 

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s