En su Contrato social, Rousseau, criticando la utilización del discurso intelectual para justificar atrocidades políticas y sociales, no duda en afirmar con dureza: “Si estos escritores [Grocio y Barbeyrac] hubieran elegido los verdaderos principios habrían salvado todas las dificultades y habrían sido consecuentes, pero entonces hubieran tristemente dicho la verdad y hecho la corte al pueblo. La verdad no lleva a la fortuna, ni el pueblo da embajadas, cátedras o pensiones[1].

 

Ya que en todas épocas habrá Grocios y Barbeyracs, no queda sino desconfiar de, abordar y analizar todo discurso. Por ello no debe encontrarse razón alguna inmediata para conformarse cie­gamente con lo que se haya dicho o leído hasta ahora con respecto al tema a tratar en este capítulo sin antes haber llevado a cabo al menos un intento de reconstrucción de los discursos que al poder se refieren, comparándolos después con el entendimiento propio de la realidad. Aceptar sin más lo que se haya dicho siempre hasta ahora conlleva dos peligros imprescindibles de salvar. Primeramente, no preguntarse sobre lo que aparentemente ya ha sido respondido, al menos sin conocerlo, se­ría tanto como plegarse a las fuerzas reaccionarias, a aquellos quienes dicen, por ejemplo, que las humanidades y principalmente la filosofía y su labor no tienen sentido, pues ¿para qué pensar sobre algo que ya está explicado por disciplinas consensual­mente aceptadas como más precisas? Afirmación y pregunta a las que todo as­pirante a filósofo debe empeñarse, respectivamente, a negar y contestar a toda costa. El segundo peligro, consecuencia del primero, yace en que el no analizar aquello ya afirmado, y muy posiblemente aceptado, aniquila la posibilidad de ruptura de paradigmas inamovibles, los cuales, históri­camente, se ha comprobado en un sinnúmero de ocasiones, son erróneos y producto de intereses ajenos a la honestidad sirviendo sólo como mediaciones para el dominio del hombre por fuerzas ajenas y la infelicidad que ésta conlleva.

 

Piensa…

 

Un abrazo,

Lutzzz…

El pase de diapositivas requiere JavaScript.


[1] ROUSSEAU, Jean Jaques, El contrato social, SARPE, Madrid, 1983, p. 56.

comentarios
  1. Como seres humanos consientes y pensantes, debemos hacer en todo momento lo que dicen es nuestra característica más grande; reflexionar. Es totalmente cierto que debemos analizar con cordura y firmeza toda idea que se nos presente en distintos aspectos. Como personas integras es preciso desarrollar una actitud crítica y prudente, así como firme y segura. Nunca dar por hecho alguna afirmación y mucho menos un discurso, pues si hasta nuestra verdad es dudosa, con más razón ha de ser cuestionada algún texto para impresionar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s