El humano, al ser bajo circunstancias comunes un animal dirigido por inclinaciones, ha tomado decisiones a partir de sus deseos sexuales que, aunque en su momento parecían triviales, se revelaron como la primera condición en una serie de eventos cuyo resultado cambiaría la historia del mundo.

¿No lo crees? Lee la primera  anécdota de las caderas

En su campaña en Asia Menor (hoy Turquía hasta Irán) contra el imperio palmireno, Constancio Cloro, un hábil general romano, se había hecho de una esclava sexual judía de nombre Helena de quien se enamora a tal grado que decide desposarla según la ley civil romana. La esclava provenía de una familia de judíos identificada con las más novedosas y fantásticas interpretaciones que Pablo de Tarso había hecho del judaísmo.

Algunos años después, en medio de una fuerte crisis política, tras considerar que el imperio romano era demasiado grade para ser adecuadamente administrado, el Emperador Dioclesiano, lo divide en Oriente y Occidente en lo que se conoce como el primer cisma.

El poder absoluto se convierte por decreto en una tetrarquia. Dos augustos y dos césares, uno por cada segmento imperial, compartirían el poder, siendo los segundos subordinados y herederos de los primeros.

En premio al gran servicio que Constancio Cloro había brindado al imperio romano, el general sería honrado con el puesto de César del Imperio Romano de Occidente, trasladando la capital del imperio de Roma a la Gran Bretaña. Pero es obligado a divorciarse de Helena para contraer nupcias políticas con la hija de Dioclesiano.

Constancio, sin embargo, nunca abandona a Helena, quien será ahora su concubina y con quien procreará un hijo varón y se rehusará, por lo tanto, a perseguir a los judíos de la secta de su amante como enemigos del imperio romano a pesar de lo disctado desde el centro del imperio por Dioclesiano. En la lejanía de la Isla, Constancio simplemente ignora la orden. Estadísticamente, se dice que uno de cada diez habitantes de la Gran Bretaña habría estado ya en el camino de tal secta.

Para el año 306, tras la abdicación de Dioclesiano y Maximino a la vez que la murte de Constancio, el águila romana queda acéfala esperando la llegada del siguiente buitre que se haga de la silla imperial.

Un estado de guerras intestinas dominará el panorama romano los próximos cinco años, hasta que el hijo de Constancio, habiendo sido educado tanto en las creencias romanas paganas de su padre como en las de la secta judeo-palestina de su madre, logra imponer su derecho de sucesión apoyado por las legiones de Roma continental Occidental. El joven militar se convierte en el nuevo Emperador de Roma.

Habiendo llegado al poder, instituye una religión completamente nueva como la oficial del imperio; una religión que mezcla las creencias, liturgia y doctrina judías de la secta de su madre Helena con las del paganismo romano y bárbaro de su padre al tiempo que se nombra cabeza de esta nueva religión de estado. En 313 d. C.emite el edicto de Milán para darle forma imperial al nuevo cuerpo de creencias.

El nombre del nuevo emperador: Constantino. La nueva posición de emperador religioso: PAPA (Pietri Apostoli Potestatem Accipiens). La nueva religión sincrética: Cristianismo Katho-likos.

Lo demás, es historia…

Un abrazo,

Lutzzz…

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